jueves, 31 de enero de 2013

Nuevo blog: "Las aventuras de Doorman".


Como alguno ya sabrá, he decidido aportar un poco de cordura (la ropa para la moto no, lo de la dentro de la cabeza) y orden a este blog de sinsentidos, con lo que Las aventuras de Doorman las iré colgando directamente en un nuevo blog que ya ha cobrado vida al más puro estilo de los nigromantes. Fue decir: “¡Alzaos, capítulos de Doorman!” y con el conjuro de copia y pega los coloqué bien ordenados y con sus fechas originales en el otro lado.

Evidentemente no me quedará más remedio que hacerme autopromoción, así que iré avisando también aquí, en Los Tukos de Fray, de las actualizaciones, así como en Facebook y Twitter, como hasta ahora (bueno, vale, y por todas las partes que pueda, aunque sin dar mucho la vara).

También es cierto que esto no significa que vaya a escribir el doble, sino más ordenado, simplemente. No es que me haya dado un aire ahora y vaya a dedicar mi tiempo libre sólo a estos menesteres, vamos.

De momento, lo que sí haré, será dejar también en este blog las entradas ya publicadas de Doorman, aunque con el tiempo las iré borrando, quedando únicamente en el otro, en http://lasaventurasdedoorman.blogspot.com.es

Por cierto, como novedad, además, he decidido que en la nueva etapa haya imágenes, colorido, escenarios, caras, poses, cuerpos… con lo que voy a incorporar todo tipo de aportaciones que me enviéis (si lo hacéis, claro) en cuanto a dibujos, a ideas. Yo no soy buen dibujante. No llego ni a malo, así que he pensado que esta forma de interactuar podría gustarle a más gente, porque siempre es más entretenido formar parte de las cosas que ser un mero espectador, así que estoy abierto a todo tipo de sugerencias. Brainstorming, que lo llaman ahora.

Así que, sin más, os invito a acompañarme en estos proyectos. Ya se sabe que no es malo alternar entre la playa y la montaña, así que esto ha de ser parecido, pienso yo. ¡Sigamos a Ramón en sus andaduras!

Para terminar esta entrada chunga, os dejo también los últimos palíndromos que he ido colgando en mi Twitter (@FrayTuko), frutos de los piques con gente pro.

  • ·         O daña seis ánades o ya, pese a Ana, a ese payo se dan. Así es, añado.
  • ·         Ama la pepita y a ti Pepa lama.
  • ·         Sazonas seno, payo. ¡Ja! ¿Rima? Mira: joya, pones sano. ¡Zas!
  • ·         Allana cosa, payaso. ¿Losa? ¡Ya! Paso, canalla.
  • ·         Aparta a papá: la papa… ugre no pone más ébano, bobona. Bésame. No poner guapa pala, papá atrapa.
  • ·         Roe pan, amigo. Cogí maná. ¿Peor?
  • ·         Ajá, caco. ¡Sí, poséolo! “Dios es…”  el amo, Ladilla. Allí dalo mal ese, so ídolo. Eso piso. ¿Caca? ¡Ja!
  • ·         La Madre…  ¡Cada beca robas! Alza, habla: ¡Arriba la birra! Alba, hazla sabor a cebada, cerda. Mal.

lunes, 28 de enero de 2013

Doorman 9: Corre.

Aunque en ese momento no fuese lo que debía tener en la cabeza, mientras recuperaba el aliento durante unos instantes, trató de pensar en cómo se dio cuenta de que lo estaban vigilando. Intentó recordar qué le había llamado la atención, qué… ¡mierda, allí estaban otra vez!

Correr. Maldiciendo para sí, volvió a ponerse en marcha. Las calles anchas de esa parte de la ciudad no ayudaban nada a la hora de dar esquinazo a… ¿cuántos perseguidores tendría pisándole los talones? Ni siquiera le había dado tiempo a contarlos. Más de tres, seguro. Y no era como en las pelis, que visten de traje negro y llevan gafas oscuras. Estos cabrones no eran unos pringados, sabían lo que hacían. Eran muy sutiles. Tampoco ayudaba el hecho de tener que atravesar el parque abierto al que estaba llegando. Lo verían desde lejos porque a esa hora aún no estaba lleno de gente, como hubiera podido suceder a mediodía. Aun así, esos tíos no corrían. Intentaban aparentar tranquilidad, pasar desapercibidos. No le cabía duda de que eso sólo podía significar que más adelante le estarían esperando más compinches y que tenían la situación controlada. Pretendían hacer que se desesperase, que perdiera la perspectiva. Por eso no pensaba dejar de correr hasta llegar, al menos, al centro comercial. Allí estaría lleno de gente y de recovecos. Allí les daría esquinazo y podría volver a tomarse un respiro.

Correr. Para alguien acostumbrado a estar sentado en casa delante del ordenador, aquello era un sucio castigo, a pesar de no llevar más de unos minutos corriendo. Pero cuando uno lo hace para salvar el pellejo, la adrenalina le da ese pequeño empujón que necesita para mantenerse en pie y continuar. A pesar de los calambres en las piernas. Se había dicho a sí mismo que iba a empezar a hacer algo más de ejercicio, que sólo con trabajar y luego pasarse el resto del día tirado en casa no bastaba, pero era demasiado vago. Ahora lo estaba pagando, estaba claro. ¡Maldición!

Correr. Cada poco miraba hacia atrás intentando ver a sus perseguidores, pero no los distinguía. Buena señal. Pero todavía quedaban los compinches que, sin duda, debían estar esperándolo ahí delante, en alguna esquina, así que no bajó la guardia. Un poco más y llegaría al centro comercial. Era de la competencia, claro, pero ahora mismo no se encontraba en una situación favorable como para andarse con remilgos. Apretó el paso y, en vez de continuar por la avenida, zigzagueó por las calles contiguas, hasta que, finalmente, llegó a sus cercanías. Entre eso y que ya no podía más, aflojó el paso. Uno, por el cansancio; dos, porque había roto a sudar unas calles más atrás y ahora mismo estaba empapado. Con todo, se dio la vuelta una vez más y escrudiñó la calle, pero no vio a nadie sospechoso.

Como todavía no se sentía seguro del todo, aún dio un pequeño rodeo antes de ir a los baños de la segunda planta. Toda precaución era poca y allí dentro podría ser presa fácil. Lo que sí desapareció fue el efecto de la adrenalina, con lo que el agotamiento llegó de repente y poco pudo hacer para detener sus efectos. Se apoyó en el lavabo, miró al espejo y se lavó la cara. Pues sí que estaba fuera de forma, sí…

Aún permaneció un par de minutos más recuperándose, lo que hizo que se enfadara por su debilidad: no se sentía seguro en absoluto y allí estaba, descansando, a merced de quienesquiera que fuesen aquellos tipos que lo seguían. Su cerebro seguía procesando aquello como una verdad universal y no fue hasta un buen rato después cuando, tras haber caminado con cuidado por los pasillos llenos de gente hasta llegar a la puerta de salida, se atrevió a volver la cabeza para ver si distinguía a alguien ligeramente sospechoso. Claro que podía ser una trampa y lo estuvieran vigilando ahora desde más lejos, pero aquello seguía sin gustarle un pelo.

Lo cierto es que podía haber intentado mezclarse entre el gentío que abarrotaba las tiendas de ropa aprovechando que habían comenzado las rebajas, pero en ese pasillo estaban todas dirigidas a un público, digamos, más joven, y cantaría mucho si se refugiara en una. Ramón se sentía joven por dentro, por supuesto, pero no era un necio: por fuera, la cosa no pintaba igual.

Una vez fuera y con el semáforo en rojo para cruzar, se metió entre varios peatones para adelantar unas líneas, aunque sin hacer gestos bruscos ni girarse, comportándose de manera natural. Después avanzó al mismo paso que los demás. Cuando llegó a la otra acera, se dirigió a la esquina más cercana, la cual dobló y, sin tiempo ni para pestañear, echó de nuevo a correr.

Sentía que esta vez lograría deshacerse de sus perseguidores, puesto que aquel movimiento le haría ganar unos metros y unos segundos de ventaja, debidos a la confusión. Estaba seguro. Por eso echó el resto y no recorrió más de una manzana en línea recta en un buen tramo.

Mientras el corazón parecía querer salirse de su pecho literalmente, aún tuvo tiempo de organizar su siguiente jugada. Llevaba un buen rato pensando un lugar seguro hacia el que dirigirse, hasta que le llegó la inspiración: ¿no era aquel el barrio de Paloma? ¡Su casa! ¡Allí estaría a salvo!

Con renovadas energías, aceleró aún más el paso, tratando de recordar exactamente dónde le había dicho que vivía. Sabía que tenía que llegar a una pequeña iglesia, girar a la izquierda, bajar una cuesta y, en la misma recta, al fondo, estaba su portal. Pero aún le quedaban unas calles para llegar a la capilla.

- ¡Mierda, no era por esta calle, era la ant...! – ¡Piii…! ¡Pum!

Distraído mientras pensaba por dónde ir, en un momento en que no miró antes de cruzar, un coche apareció por su derecha sin verlo y no logró frenar completamente a tiempo por la rapidez con que Ramón había salido a la carretera, atropellándolo. El golpe se lo llevó en el costado haciendo que, por la inercia, saliera volando hacia delante e impactando en la luna delantera, para rodar, una vez detenido el coche, por el capó hasta caer definitivamente al suelo, donde quedó tendido, quieto, durante unos instantes.

Al cabo de lo que a Ramón le parecieron horas, se despertó muy mareado en el suelo, con el sabor metálico de la sangre en su boca, e incapaz de mover un solo músculo. Le parecía escuchar gritos muy, muy lejos, pero ni siquiera podía abrir los ojos. Creyó escuchar también unas sirenas y también unas voces más cercanas, pero no fue capaz de saber de qué estaban hablando.

No fue hasta que se despertó, inundado de dolores, en la ambulancia, de camino al hospital, cuando se pudo crear una imagen de lo que había podido ocurrir, aunque de poco le sirvió ese momento de lucidez, porque volvió a desmayarse al instante.

Para cuando volvió en sí de nuevo, el mareo era atroz, tanto como para que una tremenda arcada le acercara la bilis a la boca, que no pudo reprimir ni tampoco esquivar, pues no podía moverse, atado como estaba en la camilla, por seguridad. Tuvieron que ser los médicos que lo acompañaban quienes le limpiaran el vómito.

- ¿Q-qué ha pasado? ¿D-dónde estoy?

- Calma, chico, estás en una ambulancia, camino del hospital. Acabas de tener un accidente, pero no parece que hayas sufrido algún daño irreversible. Intenta tranquilizarte, todo saldrá bien.

- ¿Han sido ellos?

- Perdón, ¿cómo dices? ¿Ellos? ¿Quiénes son ellos? Un coche te atropelló.

- Sí, los…

- Será mejor que descanses hasta que podamos explorarte mejor, te has golpeado la cabeza y este podría ser uno de sus efectos.

- Pero…

- Descansa, muchacho.

Ramón se resignó y le hizo caso al médico que le hablaba, atontado y magullado como estaba. No podía decirles nada acerca de los hombres que lo seguían. No se lo creerían y, además, no estaba seguro de que debiera contar nada de todo ese tema. Pensando en eso y, aún con fuertes dolores en la cabeza, le sobrevino un pinchazo muy agudo que le hizo pegar un alarido que cogió desprevenidos a los allí presentes, que no se sorprendieron tanto del grito como de lo que sucedió con las puertas de la ambulancia, que se abrieron de repente, de par en par, golpeando los laterales de la furgoneta y rompiendo los cristales, que salieron volando, habiendo estallado en mil pedazos.

Después ya no hubo más que oscuridad…

miércoles, 23 de enero de 2013

Las aventuras de Fran y Fede

Año mil no sé cuántos. La Humanidad está pasando por unos momentos realmente cruciales en el devenir de la Historia. Terminadas las Tres Grandes Guerras que asolaron a los Elfos Zombis de las Montañas Picudas y terminaron con el exilio de los Enanos de las Praderas Verdes, un pacto se forjó a orillas del Mar Precámbrico, diseñado para evitar que las atrocidades del pasado pudieran volver a repetirse. En él participaron todas las razas habidas y por haber en lo largo, ancho y alto del mundo paralepípedo, de nombre Mailsland. Todo ser medianamente racional tuvo voz, voto y bocadillo a escoger, y al resultado de tal pacto se le llamó Cinturón Fraternal de la Amistad Duradera.

Ajenos a las locuras políticas y los entresijos militares vivían, en otra parte del mundo distinta, dos personajes folklóricos, dos artistas sin par, que gozaban de la atención de la gente de los pueblos por los que pasaban, ofreciendo su buen hacer, en su peregrinaje hacia vete a saber dónde, pues nunca se supo de dónde venían… ni tampoco cuál fue la suerte que corrieron en el crepúsculo de sus días.

Uno de ellos era escritor y respondía al nombre de Fran, mientras que Federico no. A Federico se le conocía más por Fede. Por eso, por su bigote y por su voz, pues era cantante, aunque otros más allegados lo apodaban Mercurio, pues era fan del velocista mutante de los X-Men®, por parte de padre.

Esta particular pareja, que se ganaba así la vida, uno escribiendo y otro cantando lo que el primero escribía, se preguntaba cómo podía disfrutar de tanto éxito, pues Fran no cogía el boli si no estaba piripi, de ahí su sobrenombre “Qué beodo”, pues era lo que todo el mundo repetía cuando pasaba por su lado y le veían los ojillos inyectados en sangre, tras sus redondas lentes, y sus narices coloradas. Aun así, nunca les faltaba para comer, beber y dormir.

Estaban un día en una taberna, bebiendo y componiendo (pues, como solía decir Fede, “el espectáculo debe continuar”), cuando entraron por la puerta un anciano clérigo y dos chicos hambrientos, a todas luces sus maltratados pupilos, discutiendo sobre quién debía pasar la siguiente eliminatoria de la Champions. Tal era el escándalo que tenían montado, que pronto se les unió el resto de los parroquianos, muy aficionados ellos, e instaron al dueño del local a sintonizar la televisión, a la espera del comienzo del partido.

Sin perder de vista a los chiquillos, Fran, que en aquellas lides tenía bastante letra, se fijó cómo, cuando el aparato se encendió y toda la atención se centraba en él, los escuálidos mozos  comenzaron a deslizarse entre la muchedumbre y vio, además, cómo de manera pícara, daban rienda suelta a su, al parecer, instinto para el latrocinio. A tal extremo habían de llegar para conseguir llevar a la boca el chusco de pan que el clérigo les negaba.

  - ¡Fíjate en esos dos pícaros, Fede, unos buscones! – dijo Fran.

Y, viendo que su compañero ya estaba observando a los adolescentes…

  - Oh, veo que ya lo estabas haciendo. – Añadió. –  ¡Menudo vicio tienes, artista!

De vuelta a sus quehaceres, permanecieron absortos en sus creaciones, únicamente sobresaltándose cuando, al parecer, un jugador de uno de los equipos le arrancó la cabeza a otro de un zarpazo y el árbitro no lo penalizó con la muerte, tal y como reflejaba el reglamento de aquel extraño juego, sintiendo la indignación de parte de los lugareños mientras, de fondo, las risas cómplices del resto enfurecían aún más a los primeros.

  - Lo de ese deporte es algún tipo de magia. Esa gente pierde la cabeza, con la tontería de que sólo puede ganar uno. – Comentó Fede. – Ni que fuesen inmortales.

Lo cierto es que las horas de ese día fueron pasando inexorablemente, durante y después de la retransmisión, sin nada más que fuera reseñable. En realidad, las de ese día y las de cualquier otro, pues en aquel entonces la tasa de paro había alcanzado cotas tan altas que tampoco es que hubiera mucho que hacer a diario, ni sucedía nada en particular, salvo alguna revuelta multitudinaria esporádica, por aquí y por allá que, sistemáticamente, era repelida por cyborgs ninjas del futuro que habían sido contratados por el nigromante que ocupaba en el Trono de Aluminio, tan vago él que no levantaba a los muertos, ni a nada. Ni siquiera para barrer el palacio y sacar brillo a los cromados de los reposabrazos, que ya se veían deslucidos.

Y, así, en cada continente contenido dentro del ortoedro mundial, se disfrutaba de una paz global que aún duraría unos cuantos años más, durante los cuales no pasaría nada que fuese digno de mención o que llamase mucho la atención.

En cuanto a los dos protagonistas de este absurdo relato, como se ha dicho al principio del mismo, pues ni idea, nadie sabe en realidad que sucedió con ellos. Lo único, que unos diez años más tarde de la escena que he mencionado, sus caminos se separaron  por caprichos del destino, terminando Fran "Qué beodo" siendo un consagrado espadachín, compinche de unos macarras que tenía por amigos y, Fede "Mercurio", un trovador al servicio de la Reina Bohemia.

Por lo demás, pues nada, lo de siempre, alguien se terminó pasando el Cinturón Fraternal de la Amistad Duradera por el forro de los cojones,  se armó un follón de agárrate y no te menees y lo normal, guerra por aquí, guerra por allá… y toda la población mundial al carajo. Y, por si fuera poco, invasión alienígena en la confusión. Vamos, que cuando todo va mal, siempre puede ir a peor.

Una pena, la verdad… Una pena.

viernes, 18 de enero de 2013

Algo está cambiando


Hace unos días creí que me podría poner a escribir un montón de cosas sobre otro montón de cosas en un tiempo récord porque me habían llegado, a la vez, cientos de decenas de miles y pico de ideas para hacerlo, pero se ve que no es lo mismo el volumen que ocupan las fantasías en tu cabeza que el espacio que ocupan luego en estado sólido, una vez que pulsas las teclas en la antigua máquina de escribir que, por cierto, o no tienen tinta las letras o se ha desenchufado el teclado (que ni siquiera es Usb, sino un obsoleto Ps2).

En estas ensoñaciones me encontraba yo cuando, por la gracia de la mala suerte, la mala cabeza, que el casco me aprieta y no corre la sangre como Heidi por el monte, o por una plancha de hielo (que también puede ser), tuve el otro día un pequeño (y, a la vez, no tan pequeño) percance con la moto, que terminó por arrancarme de cuajo la inocencia, la virginidad y, si cabe en la frase, la puta sonrisa permanente (por dentro) de la cara.

A ver, ya me había caído unas cuantas veces. Es una tontería que casi viene redactada en el carné de moto: “ha de caerse usted de vez en cuando, para no perderle el respeto al aparato”. Hasta aquí todo normal, pero resulta que no iba solo. Ahí es donde entra, como digo, la pérdida del humor, pues nunca me había pasado que alguien se hiciera daño por mi culpa (y me refiero sólo a físicamente, pues emocionalmente es otro cantar, más tipo balada ñoña, si acaso). Esa parte aún me tiene dándole vueltas a la cabeza en plan niña del Exorcista, porque no está el mundo del trabajo ahora como para joder una rodilla y tener que pedir una baja (espero que corta para que signifique que el daño no fue grande).

Antes tenía la pared de la habitación estucada (se entiende que tiene más paredes, pero hay armarios que las tapan, y eso), pero ahora está lisa de darme cabezazos en ella. Hay que reconocer que, si me quitase el casco para hacerlo, lo mismo me hacía daño.

Esta, pues, es la razón por la que, a pesar de que me había/habían convencido para añadir otra nueva entrada al blog, no me sale, no soy capaz. Y eso que el tema era interesante, pues trataba de cómo creo que está cambiando el panorama musical en Asturias, precisamente en un momento en el que todo parece indicar que debería de ser peor.

Y es que, por lo que he parecido entender,  quedan muy pocos sitios habilitados y con licencias donde poder ofrecer a la gente música sin tener que preocuparse de multas, cierres, vecinos intolerantes y demás zarandajas. Que no es poco lío, habida cuenta de que tampoco hay dinero para poder pagar a los músicos y así poder ofrecer eventos a los parroquianos, que tampoco tienen dinero para poder ir después a ver todas las propuestas. Por todo eso, decía, parece que la situación no pintaba (ni pinta) demasiado bien y, por supuesto, tampoco invita al optimismo en un futuro inmediato.

Pero hete tú aquí que aún se tardará en quemar el último cartucho, pues la gente inventa nuevas fórmulas y se adapta a los tiempos que no corren, sino vuelan, con lo que la parte contratante y la contratada terminan haciendo grandes esfuerzos para ofrecer algo en lo que realmente creen.

Podría decirse también, tal vez, que ahora mismo resisten el envite quienes están verdaderamente preparados, y de ahí había surgido la idea inicial de esta entrada: hablar un poco de todos esos grupos y también de los músicos que aportan su toque en forma de montones de colaboraciones y que están saliendo adelante por su empeño y su buen hacer. No obstante, después de darle un poco al sex…seso, creo que no sería justo mencionar a unos sí y a otros no, puesto que tampoco he podido escucharlos absolutamente a todos y estoy seguro de que me dejaría atrás a unos cuantos, sin querer.

Lo que es innegable es que, desde el pasado año, que me dio por abrir un poco las orejas para escuchar con los oídos y darles a una oportunidad a quienes no usan doble bombo, no me ha faltado semana en la que alguien no me asombrase, sin importar el estilo, procedencia o grupo sanguíneo. Una calidad mucho más elevada de la que pensaba y que me permite, al menos a mí, saber con seguridad que no es posible aburrirse y, también, que la música por estos lares no se detendrá. Porque estoy seguro de que es imposible detener del todo a gente tan preparada.

De hecho, por medio de un estudio sofisticado, empírico, y muy español, basado en tratar de desprestigiar los logros de quienes están teniendo éxito, puedo constatar esa afirmación. Porque ésa es otra: no falta nunca gente (entiendo que críticos de música) que intente hacer ver que un espectáculo ha triunfado únicamente porque han acudido montones de amistades del propio grupo en cuestión, o amistades de esos amigos… y ya. Pongo vuestras manos en el fuego de que esto se ha escuchado después de espectáculos tan impresionantes como el de la Extravaganzza de Blues & Decker (tenía que nombrar esto porque aquí ya me resultó tan chocante que casi caigo de espaldas). 

¿La que comento también es una opinión tan válida como la mía? Sí, pero yo me baso en la gente absorta que vivimos ese momento, que ni siquiera sabíamos qué íbamos a ver y que nos encontramos con cuatro horas de un espectáculo que asombró a propios y extraños. Un espectáculo, de hecho (y tengo que decirlo, no queda otra), que si lo llega a firmar un grupo famoso y con colaboraciones de renombre, estaríamos hablando de acontecimiento nacional (o internacional) del año, y por el que miles de personas pagarían una jodida burrada de dinero para poder verlo.

En conclusión, algo está cambiando en Asturias, los artistas están pudiendo sacar sus trabajos a la venta (bastantes grupos, de hecho, del nivel de los Pilgrim Rose, Queen Bitch, los propios Blues & Decker, Nap the Band, Lycosa Tarántula, MyStereo, Ernesto J. Espinoza, Tyfpe…) y están teniendo una buena acogida por parte del público, indicación extra de que se están haciendo las cosas bien, a pesar de que, como dije al principio, no corren los mejores tiempos para poder conseguirlo. Tal vez sea esa, precisamente, la razón de que esto suceda: la gente quiere evadirse, la gente quiere olvidarse del día a día… y lo que no está dispuesta la gente es a perder su derecho a divertirse, a disfrutar de la cultura.

Lo malo de todo el tema musical es que, a finales del año pasado, hubo un montón de conciertos que coincidieron, con lo que no se pudieron disfrutar todos, cosa que parece que, de momento, continúa sucediendo, así que siguen siendo buenas noticias. ¿No?

Mientras tanto, yo soy sólo un mortal más, con sus historias, y la que me ronda la cabeza es la torta con la moto, así que, Gema, no me queda sino volver a pedirte disculpas por la putada de la rodilla. Espero que te recuperes pronto y te quede bien.

Nos vemos… ¡en vivo y en directo!

Saludos, gente.