viernes, 23 de enero de 2009

Incursión colombiana

Bueeeno, bueno. No pensaba yo que fuera a tener conexión prácticamente cuando me saliera del tobillo, pero aquí estamos. Y ya que estamos, valga la redundancia, pues aprovecho el blog donde se me va un poco la pinzuca para echar unos comentarios sobre el viaje.

Bogotá mola. Hala. Ya.

Na, se suponía que no íbamos a estar por aquí más de un día, pero se lió un poco la cosa y al final tocó quedarse y disfrutar del famoso "2600 metros más cerca de las estrellas". Eso de momento, claro. Pero vamos, que los pronósticos son que vamos a terminar cogiendo acento colombiano, porque nos vamos a tirar aquí la tira de tiempo. Una lástima eso de no poder probar la sidra en más de un mes...


Por lo demás, pues pocas novedades. Como me prometí a mí mismo (aunque no estoy muy seguro de esto), me lo estoy tomando con mucha tranquilidad, nada de comedias y esas movidas. Desde luego, tengo que revisar los términos de este "contrato", porque es complicadillo resistir la tentación, pero vamos, cosas más difíciles me he propuesto, como por ejemplo adelgazar (eso de que todo el mundo te diga: "Diablo, está usted panzón", pues le hiere a uno el orgullo, como mínimo.

Y, bueno, de momento lo dejo aquí, como casi todas mis entradas, que se quedan a la mitad como mínimo, ji ji ji...

Tal vez más adelante me aventure a colgar alguna foto que haga por ahí.

Hasta entonces, pues no sé... el correo lo sigo teniendo operativo (cómo las dejo, eh?)

Saludetes, gente.

sábado, 17 de enero de 2009

Humo

Mes arriba, mes abajo... año arriba, año abajo... la diferencia no existe, pues siempre es lo mismo. Es esa extraña sensación que da lugar a equívocos, que consiste en marcharse de un lugar pensando que estás en paz con todo el mundo, que ya te has despedido de todos y todo funciona correctamente... o que, por otra parte, no tienes nadie de quien despedirte, con lo que lo único que te sigues llevando una y otra vez es una dura sensación de vacío.

Saber, además que, estés fuera un mes, dos, cinco o incluso un año, tendrás las mismas noticias y los mismos contactos que si estuvieras en casa, o sea, los mínimamente mínimos.

Para alguien que piensa que no hay nada más interesante que estar rodeado de gente con quienes, en general, compartir experiencias, esto es el mayor castigo.

Por eso en las fotos siempre salgo sólo yo.

Por eso ya ni siquiera me extraña que mi grupo de amigos se reduzca a una poca gente de entre 50 y 60 años. Gran logro, toda una hazaña. Y lo gracioso es que doy fe de que lo intento, puesto que no soy un jodido ermitaño.

viernes, 2 de enero de 2009